La ilusión de la paridad en México

Con el voto de más de 56 millones de mexicanos y en medio de una jornada electoral histórica, se han materializado dos fenómenos inéditos: el triunfo de una alternativa distinta al bipartidismo tradicional y la paridad entre hombres y mujeres en la composición de las dos cámaras federales: Congreso de la Unión y Senado.

 

 

México está inmerso en un proceso importante de transformación política y las mujeres quieren ser también protagonistas. Desde la primera alternancia ocurrida en el año 2000 (año en que el PRI es derrotado por primera vez y pierde su hegemonía), han ocurrido múltiples cambios en el contexto nacional mexicano; pero uno de los más disruptivos es quizás el progresivo aumento de mujeres en la esfera política.

 

Hace apenas 18 años, de los 500 Diputados que componen el Congreso de la Unión, solamente 80 (16%) eran mujeres, mientras que en el Senado, de 128 curules, solo 20 (15.63%) estaban ocupadas por el sexo femenino[1]. En menos de dos décadas los números han dado un giro histórico, ya que por primera vez los congresos tendrán plena igualdad (representativa) entre hombres y mujeres. La Cámara de Diputados contará a partir de la siguiente legislatura con 244 (48.8%) diputadas y la Cámara alta tendrá 63 senadoras (49.22%). Estos números no solamente son esperanzadores sobre el panorama político inmediato sino que sitúan a México como una de las tres democracias más igualitarias del mundo según el índice internacional de Unión Interparlamentaria (IPU por sus siglas en inglés)[2]. Sin embargo, antes de echar las campanas al vuelo, cabe hacernos dos preguntas: ¿cómo fue posible que, en un país tradicionalmente signado por una cultura machista y con altos índices de violencia de género, exista hoy una igualdad en la representación política en el poder legislativo? Y en virtud de ello, ¿es suficiente la igualdad representativa entre hombres y mujeres para alcanzar también una igualdad política real?

 

El aumento sustancial de la participación de la mujer en espacios políticos obedece a una multiplicidad de factores que convergen en la historia contemporánea del país. Sin embargo, la implementación de leyes de paridad ha tenido un impacto definitivo en la configuración de las condiciones actuales. A partir de 1996 se inician una serie de reformas para garantizar el aumento de mujeres en los espacios legislativos que concluye con la aprobación en 2014 de una ley de paridad de género que obliga a la igualdad de candidaturas legislativas (50%/50%) entre hombres y mujeres establecida en la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales (LEGIPE) y en la Ley General de Partidos Políticos (LGPP).

Sin embargo, el que hoy haya más mujeres en puestos de representación no significa que se haya erradicado necesariamente la desigualdad política. Se han roto barreras que impedían a las mujeres acceder a dichos cargos, pero esto no implica su materialización en una igualdad efectiva y transversal. Para comprobar esta afirmación, basta observar la configuración de los espacios políticos en entornos no tutelados por esquemas legales que obliguen a la igualdad de género: en donde no existe la cobertura de la ley de paridad, los espacios políticos ocupados por mujeres se reducen de manera drástica.

 

Como muestra de ello, México apenas contará con tres gobernadoras de las 32 entidades federativas. Esto sin mencionar que no hay mujeres encabezando los partidos políticos y que, en el poder judicial, solamente el 20% de mujeres ocupan una posición de alta jerarquía[3]. El objetivo no es llegar solamente a la igualdad numérica, sino garantizar que tanto mujeres como hombres se ubiquen en espacios que cuenten con la misma capacidad material y real de ejercer la representación política.

 

Los resultados electorales han marcado un precedente: la participación política de las mujeres no puede ni debe retroceder. México avanzó sustancialmente en la paridad, sin embargo, la batalla más importante aún está por librarse: crear un espacio en el imaginario colectivo que sitúe a mujeres y hombres en una verdadera igualdad, haciendo a un lado los estereotipos que condicionan o constriñen el desempeño de las mujeres en la vida política. En conclusión, se debe avanzar de la igualdad política impuesta por las leyes a la igualdad definitiva construida por un sentido común compartido. Solo así, estos números podrán adquirir pleno significado.

 

 

[1] Ver composición del Congreso de la Unión por sexo y legislatura desde 1952 http://archivos.diputados.gob.mx/Centros_Estudio/ceameg/Inv_Finales_08/DP1/1_19.pdf

[2] Ranking de países por paridad en Parlamentos http://archive.ipu.org/wmn-e/classif.htm

[3] Ver nota completa en: http://www.eluniversal.com.mx/articulo/nacion/politica/2017/07/10/en-mexico-hay-20-de-representacion-femenina-en-el-poder-judicial

 

Estudiante de doctorado en Derecho, Gobierno y Políticas Públicas en la Universidad Autónoma de Madrid. Sus líneas de investigación son feminismo, empoderamiento de la mujer y participación política de las mujeres.

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