¡Que la marea verde se propague por América Latina!

El 14 de junio de 2018 se abrió una ventana de esperanza hacia los derechos reproductivos de las mujeres. En Argentina, miles de mujeres se reunieron afuera del Congreso; en el resto del mundo nos reunimos en el debate y en la conversación pública. Todas lo hacíamos con el mismo fin, que en el país latinoamericano se aprobara la legislación que otorgaba a la mujer el derecho a decidir sobre su cuerpo. 55 días más tarde, el Senado argentino intentó cerrar esa ventana de oportunidad al no aprobar la iniciativa que garantiza el derecho de las mujeres a un aborto legal, seguro y gratuito, pero se equivocaron, porque esa ventana ya no se cierra y a través de ella nos asomamos cientos de miles de mujeres en todo América Latina.

 

Históricamente las mujeres hemos estado confinadas a una sociedad patriarcal que ha regulado nuestro “deber ser” en la sociedad. A lo largo de los siglos, esta cultura signada por el dominio masculino ha decidido por nosotras nuestros matrimonios, nuestros vestidos, nuestra manera de pensar, nuestras aspiraciones, nuestro nivel educativo, nuestra forma de participar en política, y sin más, han decidido sobre nuestros cuerpos también. El derecho al aborto desde siempre ha sido un tema controversial que polariza la opinión pública. Legal o ilegalmente, el aborto es una práctica que se seguirá realizando por diversas razones, pero principalmente, porque es la mujer quien carga mayoritariamente con la responsabilidad que implica ser madre. Bajo esta premisa es necesario considerar los tres elementos que propone la ley: un aborto seguro, legal y gratuito. Seguro, para garantizar y salvaguardar la vida de las mujeres. No es lo mismo un aborto con una pastilla a uno con métodos peligrosos como sondas, agujas de tejer, ganchos o tallos de perejil. Legal, para que no se criminalice a la mujer por tomar una decisión que versa sobre su cuerpo y gratuito, para que independientemente de la clase social a la que pertenezcan, las mujeres puedan abortar en un ambiente salubre y digno.

 

Hay que aclarar que legalizar el aborto no significa obligar a que todas las mujeres aborten y desempeñen irresponsablemente su vida sexual. Esta visión trastoca los límites de la ignorancia, sin embargo parece estar vigente en los grupos, lobbys y defensores de la no legalización de la práctica. Movidos probablemente por cuestiones religiosas, aquellas personas que forman parte de estos grupos se centran en la falacia de un argumento “pro vida” que vela por la vida del feto, mientras dejan de lado la supervivencia de la mujer. En Argentina, los discursos de los senadores se escudaban en sus creencias religiosas para justificar su objeción a la propuesta de ley. Con gran parte de la población favor de la legalización, especialmente jóvenes y estudiantes, resulta egoísta que los representantes tomen en cuenta sus principios morales y no el interés de la ciudadanía al momento de legislar, lo que llevará sin duda a una crisis de representación.

 

Criminalizar el aborto es una política clasista, discriminatoria y de nula solidaridad no solo hacia la población femenina en general, sino hacia las clases más pobres. Porque mientras la práctica siga siendo ilegal, los abortos seguirán siendo clandestinos. La diferencia estriba en que quienes pueden pagar, tendrán un aborto en condiciones dignas, mientras que quienes no tengan la solvencia económica continuarán realizándolo con métodos que pongan en riesgo sus vidas. Para ilustrar esta afirmación, un estudio de 2017 del COLMEX y el Instituto Guttmacher[1] expone que 760 mil mujeres en América Latina han tenido que ser hospitalizadas por complicaciones con abortos inseguros y 22,700 mujeres mueren al año por dicha causa. Cuando se legaliza el aborto, las cifras de muerte en mujeres se reducen drásticamente. Con datos de ILE México, en 2007 en la CDMX seis de cada diez mujeres morían por complicaciones derivadas de abortos no controlados e insalubres. Ahora a diez años de la legalización del aborto se han practicado 198,906 interrupciones del embarazo con una tasa 0 de mortandad femenina (ILE, 2017[2]).

 

El movimiento feminista en Argentina ha sido un ejemplo para el resto de mujeres y hombres comprometidos con la igualdad en América Latina. Ayer el patriarcado ganó una batalla pírrica, pero en definitiva no ganará la guerra. La lucha continúa y así como hemos conquistado una serie de derechos, la ley nos hará justicia para decidir sobre nuestros cuerpos. Por lo pronto, mientras se propaga la marea verde repitamos: ¡Educación para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir!

 

[1] Ver estudio completo en: https://www.guttmacher.org/sites/default/files/pdfs/pubs/Unintended-Pregnancy-Mexico.pdf

[2] Consultar estadísticas en: http://ile.salud.cdmx.gob.mx/

Estudiante de doctorado en Derecho, Gobierno y Políticas Públicas en la Universidad Autónoma de Madrid. Sus líneas de investigación son feminismo, empoderamiento de la mujer y participación política de las mujeres.

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